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Mostrando las entradas de julio, 2017

Manifiesto del cínico deprimido.

Despertad! Oh, jóvenes del siglo XXI! Despertad y ved que seréis los viejos del futuro. O peor aún que el futuro ya llegó y vuestra alma está ya diabética y rancia, aunque sus cuerpos luzcan jóvenes. Despertad entonces, oh jóvenes viejos, despertad y ved lo que os rodea: Os educaron y dijeron que había que dudar de todo, y eso los llevó al nihilismo cobarde de nuestra generación. Esta generación contra la cual se manifiesta este cínico deprimido. “La banalización del mal” no proviene de regímenes totalitarios del siglo XX sino que es algo adquirido desde que nacemos. Las vanguardias de los movimientos juveniles fueron fagocitadas por “el sistema” o “el leviatán” o lo que sea que nos está consumiendo de a poco, diciéndonos que todo está bien mientras nos meten un pepino   transgénico por el agujero del honor. El militante radical de los ´60 fue sustituido por el hippie pacifista y ambientalista. El hippie, sustituido por el punky, más violento irracional y autodestructiv...

Algo más...

Soy pesimista, si. Pero no un rendido o un vulgar relativista. Prefiero el pesimismo honesto que la felicidad sin sentido. Por eso es que estoy en busca de algo más. Porque no me resigno a que la vida sea esto. No sé que será ese "algo más". Lo único que he logrado hacer para burlar el muro de la autorepresión -y la repetición infinita de acciones cotidianas- es tocar la guitarra y cantar con amigos bajo los  efectos de la marihuana. Tal vez los estados de consciencia alterados le aportan a la vida su porcentaje necesario de misticismo. Mi hermano me dijo una vez que yo pensaba como un religioso, buscando un sentido y un motivo a todo, buscando ese "algo más". Puede ser que todo esto sea una reacción de mi subconsciente religioso frente a mi ateísmo radical. Quien sabe...

el búho

Atrincherado en mi cabeza-dormitorio, un espíritu viejo esta escondido detrás de mi piel y mira a través de mis ojos. Un espíritu tan viejo que conoció el fin de la historia y aún vive para contarlo. Tan viejo que hasta sus pasiones son débiles y su sufrimiento calmo. La desazón me hace buscar un encendedor. El hastío me hace enrollar un narcótico en un papel. El desánimo prende la llamita que va consumiendo el tiempo. Miro por la ventana y llueve. Veo la vereda por donde pasan las almas humanas la mayoría de ellas con miedo y desorientadas. Solo las almas necias caminan con paso firme y seguro hacia su destino. Alzo mi vista y en un poste de luz un búho me mira fijamente, mascota de un alma necia. Sus ojos transmiten desprecio y mi alma vieja se avergüenza: sé que el búho odia el humo nihilista de mi cigarro. Igual fingiendo valentía inhalo y luego exhalo el humo venenoso. El humo flota entre el búho y yo, y ahí se queda. El búho es injusto porque con su gran verdad no ...