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el búho


Atrincherado en mi cabeza-dormitorio, un espíritu viejo esta escondido detrás de mi piel y mira a través de mis ojos.
Un espíritu tan viejo que conoció el fin de la historia y aún vive para contarlo.
Tan viejo que hasta sus pasiones son débiles y su sufrimiento calmo.
La desazón me hace buscar un encendedor.
El hastío me hace enrollar un narcótico en un papel.
El desánimo prende la llamita que va consumiendo el tiempo.
Miro por la ventana y llueve. Veo la vereda por donde pasan las almas humanas la mayoría de ellas con miedo y desorientadas. Solo las almas necias caminan con paso firme y seguro hacia su destino.
Alzo mi vista y en un poste de luz un búho me mira fijamente, mascota de un alma necia.
Sus ojos transmiten desprecio y mi alma vieja se avergüenza: sé que el búho odia el humo nihilista de mi cigarro.
Igual fingiendo valentía inhalo y luego exhalo el humo venenoso. El humo flota entre el búho y yo, y ahí se queda.
El búho es injusto porque con su gran verdad no busca lo bueno. La verdad siempre quiere ser más fuerte que la bondad, porque la verdad pretende ser universal, y lo bueno depende de lo individual...
El búho agito sus alas y salió volando, haciendo desaparecer mi humo.
Y yo, perdí el equilibrio y caí a la vereda de las almas caminantes.
En  contra de mi voluntad me volví un alma caminante.
El búho,
volando,
me mira satisfecho.

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